El reconocimiento de la violencia contra las mujeres ha sido una de las principales luchas que el movimiento feminista ha encabezado a lo largo de la Historia. A partir de dicho reconocimiento se ha logrado identificar – y luchar – por los derechos que poseen todas las mujeres sin distinción de credo, etnia, edad, orientación sexual, situación migratoria, estatus económico, entre otras variables. Gracias a eso se ha podido denunciar y visibilizar las distintas maneras en que las mujeres son victimas de violencia.

Sin embargo, a pesar de dichos avances, la violencia contra las mujeres ha logrado permanecer a través del tiempo.

Dentro del espectro de los distintos disparadores de violencia contra la mujer, hay un tema todavía tabú, olvidado de cierta manera por la sociedad, pero que se convierte en motivo concreto para el aumento de la violencia intrafamiliar (VIF): la menopausia y el climaterio, momento donde las mujeres registran una baja hormonal y finalizan su vida reproductiva.

Si bien la menopausia es un evento biológico, el significado atribuido a ésta es cultural. Nuestras percepciones de la menopausia están ligadas a asunciones culturales más amplias sobre la feminidad, el envejecimiento, y concepciones medicas en general. En este sentido, tanto la menopausia, como el género, pueden ser entendidos como construcciones culturales que reflejan y refuerzan valores y asunciones culturales más amplios (Webster citado en Lahitte y Fitte, 2007:52).

Las mujeres en este periodo de su vida son percibidas como mujeres fuera del sistema, como mujeres que han perdido algo. Se usan términos médicos como: “los ovarios fallaron, no responden”; “la producción hormonal declina”; “decrece la sensibilidad del hipotálamo” (Martín, 2001:173).

Como vimos, la menopausia está cargada de fuertes connotaciones negativas que van unidas principalmente a ideas de déficit, deterioro y vejez.

¿Por qué ocurre esto? Porque al llegar al climaterio, a medida que los ovarios disminuyen la capacidad de producir estrógeno, surge un desequilibrio hormonal que ocasiona en la mayoría de las mujeres cambios en los ciclos menstruales y una serie de síntomas.

Como problemática a que queremos hacer foco, miraremos de cerca a los síntomas asociados a la orbita sexual, que son los que más impactan en el aumento de la violencia. En un gran porcentaje de mujeres hay una disminución en el deseo, en la frecuencia y en la capacidad de respuesta sexual. Mas del 75% de las mujeres en esa etapa experimenta una importante disminución en la lubricación vaginal; las paredes vaginales se alisan y se hacen más sensibles; la penetración puede ser dolorosa y hasta producir pequeñas lesiones. Disminuye la acidez vaginal y aumenta la posibilidad de infecciones vaginales.

Esas variables, en especial en situaciones de mayor vulnerabilidad, incrementa la posibilidad de violencia intrafamiliar, debido al impacto negativo en la vida sexual de la pareja, ocasionado básicamente por la incomprensión o desconocimiento que se tiene con respecto a la menopausia.

La falta de información dificulta a la mujer encontrar un estado de adaptabilidad y aceptación a los cambios que se están gestando en su organismo. El desconocimiento y el tabú la impide de comunicar esos cambios a su entorno (en ese caso especifico, a su pareja (heteronormativa o no). “Yo quisiera olvidarme de las relaciones sexuales. Si podemos evitarlas, mejor, pero el hombre no entiende de esto”, es uno de los comentarios que hemos escuchado en las redes de No Pausa que viene a reforzar ese análisis.

Como bien expresan expertos en violencia, existen diversidad de espacios, lugares y personas que ejercen o la sufren, hay formas de violencia que se ejercen y se viven privadamente. La violencia intrafamiliar durante décadas ha tenido un marco de referencia secreto, íntimo y ha sido considerada como inexistente y hoy en día se ha convertido en un problema social (Almenares Aleaga M, Ortiz Gómez MT, Louro Bernal I. Comportamiento de VIF en la zona de Jaimanitas, 1997. Trabajo para optar por el Título de Máster de Psicología en la Salud. Facultad Salud Pública, 1997).

Traemos esa definición para destacar la posición de fragilidad de las mujeres atravesando la menopausia, en especial las que se encuentran en situación de vulnerabilidad socio-económica (destacamos: aunque son las más impactadas no son las únicas atingidas).

Gracias a todos esos factores no podemos banalizar ni menospreciar este tema. La menopausia tiene lugar en la vida de la mayoría de las mujeres entre los 45 y los 55 años. Momento en el cual, en los días de hoy, la mujer debería estar viviendo su plenitud. 

Según varios estudios, entre el 60% y 70%, llegan a esa etapa sin los conocimientos básicos de su impacto. Ellas desconocen que síntomas como la osteoporosis, los trastornos vasculares, las alteraciones en el estado de ánimo, bajada significativa de la libido y resequedad vaginal, entre otros, son producto de esta etapa. Eso incluye entre sus síntomas problemas físicos, en mayor porcentaje, problemas de índole psicológico (OMS, 1981). Ese numero aumenta a 96% cuando las entrevistadas son mujeres en situación de vulnerabilidad y no tienen acceso a los canales formales de información.

En un estudio sobre la salud de la mujer y la violencia doméstica contra la mujer realizado en 10 países (en su mayoría de clase media y baja) se observó que en mujeres de 15 a 49 años, la mayor parte de esta violencia corresponde a la ejercida por la pareja. 

A nivel mundial, cerca de un tercio (30%) de las mujeres que han tenido una relación ha sufrido violencia física y/o sexual por parte de su pareja. En algunas regiones del mundo la cifra es mucho mayor. 

Un 38% de los asesinatos de mujeres que se producen en el mundo son cometidos por su pareja. La violencia de pareja y la violencia sexual producen a las víctimas supervivientes graves problemas físicos, psicológicos, sexuales y hasta reproductivos a corto y a largo plazo.

Además, la violencia tiene un elevado costo económico y social. En la mujer puede tener consecuencias mortales, como el homicidio o el suicidio. El 42% de las mujeres víctimas de violencia de pareja refieren alguna lesión a consecuencia de dicha violencia. (ONU, 2013),

Estudios del Banco Mundial afirman, la mujer pierde 9.5 años de vida saludable por causa de violencia doméstica. 

La violencia tiene más efectos negativos sobre la salud de la mujer que todas las formas de cáncer (9 años de vida saludable), accidentes de tránsito (4.2 años de vida saludable), las guerras (2.7 años) y la malaria (2.3 años). El 50% de las mujeres adultas han sido víctimas de la violencia al menos una vez. Son números que impactan.

Por lo anterior es importante desarrollar un análisis del impacto psico social de la falta de información sobre la calidad de vida en la mujer durante el climaterio y la menopausia. Así, se podrá empoderar a la población con los conocimientos necesarios para mejorar la calidad de vida y evitar en la medida de lo posible, eventos de violencia que nacen del desconocimiento de lo que pasa con sus cuerpos al atravesar esa etapa.

Reconocer esa problemática, y generar soluciones concretas para enfrentarla son los objetivos de la Asociación Civil No Pausa que, a través de talleres y charlas informativas, pretende llevar a mujeres en situación de vulnerabilidad la misma información de calidad disponible hoy en sus redes.

No se trata de sólo de buscar una mayor visibilizarían de la menopausia y si ser coherentes con las diferentes realidades de las mujeres que hoy atraviesan el climaterio.

Mientras las respuestas y mecanismos que se implementan frente a ese desconocimiento se construyan a partir de concepciones y prácticas que no lleven en cuenta esa diversidad (y no consigan ver la perspectiva social y no meramente individual de este fenómeno) continuaremos la no-comprensión de esta violencia y no estaremos brindando las herramientas para que las mujeres mismas puedan posicionarse para detenerla.

Se hace necesario que enfoquemos nuestros esfuerzos en construir un verdadero camino hacia la escucha y el acceso a la información sobre el Climaterio y la menopausia. Pero, por, sobre todo, enfocar los esfuerzos en encontrar soluciones respetando las diferentes pertenencias sociales y culturales.

Eso es lo que buscamos. Eso es lo que queremos.